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                <title>Revista Bacanal</title>
                <link>http://revistabacanal.com.ar/</link>
                <description>Revista Bacanal</description>
                <language>es-ar</language>
                <copyright>Copyright 2012</copyright>
                <lastBuildDate>Sat, 19 May 2012 00:00:03 -0300</lastBuildDate>
                <pubDate>Sat, 19 May 2012 00:00:03 -0300</pubDate>
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                    <title><![CDATA[Rezar, cantar y meditar]]></title>
                    <description><![CDATA[<!-- p { margin-bottom: 0.21cm; } -->
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: small;">Un viaje espiritual resultado de un tiempo de b&uacute;squeda, de estudio, de reflexi&oacute;n.</span></span></p>]]></description>
                    <body><![CDATA[<!-- p { margin-bottom: 0.21cm; } -->
<p style="margin-bottom: 0cm;"><strong><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: small;">Por Laura Bauthian</span></strong></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: small;">Despu&eacute;s de la hora 20 de vuelo dej&eacute; de contarlas. Despu&eacute;s de todo, este viaje a la India era algo deseado y esperado durante muchos a&ntilde;os. No importaba la distancia, ya no sent&iacute;a el cansancio y mucho menos los casi 16.000 km que me separaban de Buenos Aires. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: small;">Aterrizamos en Delhi muy temprano, cuando la ciudad muestra todas sus caras. S&oacute;lo la India puede, tan de golpe, alimentar los cinco sentidos. Me recuerdo parada en el medio de la vereda viendo pasar aquella vida por delante de mis ojos, con tanta informaci&oacute;n diversa: una cultura milenaria, de templos, de dioses, de calles llenas de gente, de pobreza, de alegr&iacute;a sin motivo aparente, de vacas sagradas, de elefantes, de camellos, de tr&aacute;nsito rebelde, de autos, de bicicletas, de rickshaws, de motos, de olores, de ruidos ensordecedores, de colores intensos, de sensaciones profundas. Todo eso, al mismo tiempo. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: small;">&iquest;Por d&oacute;nde empezar a explicar tama&ntilde;a multiplicidad de impresiones? De a poco, tom&eacute; confianza con la ciudad y me entregu&eacute; a ella para que me siguiera mostrando sus encantos. En camino hacia la Vieja Delhi, pas&eacute; por la Puerta de la India, el imponente arco que levantaron los ingleses en conmemoraci&oacute;n a los soldados hind&uacute;es que perdieron su vida en la Primera Guerra Mundial, y que se encuentra situada en la avenida conocida como Raj Path (o Camino de los Reyes). Desde all&iacute;, tambi&eacute;n, se ve el Palacio Presidencial y las calles que comunican el grandilocuente Parlamento y los no menos fastuosos edificios ministeriales. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><img src="http://i1186.photobucket.com/albums/z375/RevistaBacanal/India2.jpg" alt="" width="450" height="600" />&nbsp;</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><strong><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: small;">Fluir y dejar fluir</span></strong></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: small;">En India hay que dejarse llevar. El secreto mejor guardado para visitarla es no pretender controlar el destino, m&aacute;s bien ser un c&oacute;mplice consciente del recorrido a seguir. Y as&iacute; fue que el destino y el taxista, a los que se suele contratar durante todo el d&iacute;a a cambio de algunas rupias, me depositaron en la mezquita Jama Masjid. Entr&eacute; descalza, estricta costumbre de todos los templos que se precian de sagrados, y con la cabeza cubierta por un velo que me hab&iacute;a acompa&ntilde;ado desde Buenos Aires. Me perd&iacute; entre la gente que oraba, los que cantaban, los que meditaban y los que simplemente se lavaban los pies en una fuente central que calmaba el sofocante calor del d&iacute;a. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: small;">Ya era hora de una nueva experiencia cultural, la culinaria. En el rubro comidas, todo es vegetariano, y la gran opci&oacute;n es elegir lo que es picante y lo que no lo es. Comenc&eacute; de a poco: arroz blanco y chapati (pan de harina de trigo t&iacute;pico de la India), men&uacute; temeroso pero v&aacute;lido para una dieta occidental. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: small;">Con la energ&iacute;a repuesta part&iacute; en busca de los mercados de ropa. Sean puestos o tiendas, el denominador com&uacute;n es que est&aacute;n abarrotados de mercader&iacute;a, de vendedores y de compradores, abrumadores pero irresistibles, con la calidad de sus sedas, la variedad de colores y sus incomparables precios, que atentan contra cualquier econom&iacute;a personal. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: small;">Para dormir, no eleg&iacute; un hotel. Una amiga, que hab&iacute;a estado tiempo antes por esta misma ciudad, me pas&oacute; el dato de Madhavi, una mujer que con la amabilidad que caracteriza al pueblo hind&uacute; me ofreci&oacute; hospedaje, sin pedir nada a cambio. Su casa, ubicada en la Nueva Delhi, para mi sorpresa, parec&iacute;a estar inscripta en lo que nosotros conocemos como barrios privados, pero no: se trataba de varias cuadras custodiadas por una polic&iacute;a sin armas de fuego que, presente a cada paso, recuerdan que desear lo que no es propio no es digno de los que cultivan el esp&iacute;ritu.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: small;">Nos vimos por primera vez con Madhavi y nos abrazamos como si nos conoci&eacute;ramos de toda la vida. Eso es la India. Esa mezcla algo ex&oacute;tica de amor, pobreza, dignidad, riqueza, alegr&iacute;a, inocencia, caos, humildad, generosidad, sinceridad. Una mirada que se despoja de todas intenciones, y que propone vivir el aqu&iacute; y el ahora. Permanentemente. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><img src="http://i1186.photobucket.com/albums/z375/RevistaBacanal/India.jpg" alt="" /></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">&nbsp;</p>]]></body>
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                    <category><![CDATA[Viajero Bacanal]]></category>
                    <pubDate>Thu, 26 Apr 2012 17:27:46 -0300</pubDate><enclosure  url="http://revistabacanal.com.ar/application/output/adjuntos/0dd3f6d22b0451f05382920977fc7827.jpg" type="image/jpeg"/></item><item>
                    <title><![CDATA[Aruba Ariba]]></title>
                    <description><![CDATA[<p>A pocos kil&oacute;metros del continente, un destino cl&aacute;sico con todo el color y los atractivos para pasar unos d&iacute;as inolvidables.</p>]]></description>
                    <body><![CDATA[<!-- p { margin-bottom: 0.21cm; } -->
<p style="margin-bottom: 0cm;"><em>Por Javier Rombouts</em></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Desde hace algunos a&ntilde;os, las islas son material de J.J. Abrahms. As&iacute; ocurri&oacute; con <em>Lost</em> y ahora con <em>Alcatraz</em>. Antes, lo hab&iacute;an sido de Gilligan y tambi&eacute;n del enano que gritaba el avi&oacute;n, el avi&oacute;n en la Isla de la Fantas&iacute;a. Aruba es una isla de las Antillas Menores, cercana a la costa de Venezuela. Y durante siglos pas&oacute; de mano en mano -primero Espa&ntilde;a, despu&eacute;s Holanda, breve interrupto ingl&eacute;s, nuevamente Holanda- hasta desembocar en una independencia medio sui generis a partir de 1986.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Esto es, los arube&ntilde;os -se llaman a s&iacute; mismos arubianos- tienen pasaporte holand&eacute;s, gozan de los beneficios de un ciudadano de la Uni&oacute;n Europea pero la isla no forma parte de la uni&oacute;n de pa&iacute;ses del Viejo Mundo. Tal vez, en estos tiempos de crisis que corren, los arube&ntilde;os o arubianos est&aacute;n agradecidos por este acuerdo pol&iacute;tico. Porque, b&aacute;sicamente, Aruba vive del turismo. Y la palabra crisis -mucho menos el giro crisis econ&oacute;mica- no figura en su diccionario. De hecho, Aruba tiene casi plena ocupaci&oacute;n laboral y un notable crecimiento edilicio, sobre todo en su capital, Oranjestad.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Aclaraci&oacute;n importante: la menci&oacute;n de las series del primer p&aacute;rrafo no fue s&oacute;lo una licencia a la hora de comenzar a escribir una nota sobre turismo sin hablar, al menos en el comienzo, de turismo. El motivo es otro: pasa que Aruba, como las series, tiene algo de ficci&oacute;n.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Para leer la nota completa, hac&eacute; click <a title="Aruba" href="http://issuu.com/bacanalrevista/docs/aruba" target="_blank">aqu&iacute;</a>.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><img src="http://i1186.photobucket.com/albums/z375/RevistaBacanal/Aruba4.jpg" alt="" /></p>]]></body>
                    <guid>http://revistabacanal.com.ar/nota/revista/74/aruba-ariba</guid>
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                    <category><![CDATA[Viajero Bacanal]]></category>
                    <pubDate>Tue, 20 Mar 2012 16:42:25 -0300</pubDate><enclosure  url="http://revistabacanal.com.ar/application/output/adjuntos/86380089b50a1841f81cea3428424e34.jpg" type="image/jpeg"/></item><item>
                    <title><![CDATA[Viaje a lo desconocido]]></title>
                    <description><![CDATA[<!-- p { margin-bottom: 0.21cm; } -->
<p style="margin-bottom: 0cm;">Basta de elegir siempre los mismos destinos. Te recomendamos cinco playas incre&iacute;bles de las que pronto se estar&aacute; hablando.</p>]]></description>
                    <body><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm;">Existen varios modos de elegir un destino de vacaciones. Por recomendaci&oacute;n de amigos, por las t&iacute;picas gu&iacute;as de viaje, incluso por haber estado ya alguna vez en ese lugar y tener ganas de volver. Pero este tipo de decisiones implica una repetici&oacute;n: ir adonde ya alguien fue. As&iacute;, ciertos lugares entran en el circuito oficial de los viajes, se convierten en figuras repetidas, mientras que otros destinos, a veces m&aacute;s bellos, m&aacute;s econ&oacute;micos, m&aacute;s paradis&iacute;acos, quedan relegados. Y las vacaciones, m&aacute;s que una decisi&oacute;n personal, pasan a ser una gran migraci&oacute;n, manadas completas de trabajadores que buscan el agua para sobrevivir en la jungla de la actualidad. Una imagen muy poco feliz. Este a&ntilde;o no seas parte de esa manada. Romp&eacute; con la inercia de lo f&aacute;cil y conocido, y arriesgate a estas recomendaciones. Lugares de los que todav&iacute;a seguramente no o&iacute;ste hablar pero a los cuales, en apenas un par de a&ntilde;os, todos estar&aacute;n deseando ir.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><strong>&nbsp;Colombia: Taganga</strong></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Cada vez m&aacute;s argentinos van a Colombia, en su mayor&iacute;a hacia tres destinos: Bogot&aacute;, San Andr&eacute;s y Cartagena. Pero este pa&iacute;s tiene m&aacute;s para elegir. Por ejemplo, un encantador pueblo de pescadores cerca de Santa Marta, sobre el Caribe. El pueblo se llama Taganga y est&aacute; ubicado en una bah&iacute;a en forma de herradura, ideal para bucear (o para no hacer nada de nada). Con una temperatura promedio de 28 grados todo el a&ntilde;o, &ldquo;colonizado&rdquo; primero por el turismo joven y gasolero, hoy tiene cada vez m&aacute;s hotelitos boutique que ya atraen a un viajero con m&aacute;s pretensiones. Taganga es, adem&aacute;s de un precioso lugar adornado por barquitos de pesca, la puerta de entrada al Parque Nacional Tayrona. Tambi&eacute;n es el gran centro de buceo de esta parte de Colombia. A pesar de que el pueblo es peque&ntilde;o, las escuelas y los lugares de alquiler de equipo abundan, como el Poseidon Dive Center, que da clases para todos los niveles. Para dormir frente a la playa, quiz&aacute; lo m&aacute;s recomendable sea el Hotel Ballena Azul. Para probar buen pescado con arroz de coco, t&iacute;pico del lugar, hay que pasar por el restaurante Bah&iacute;a Taganga. Y para escuchar buena cumbia, bien vale cualquier espacio; basta con que sea domingo.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><em><strong>C&oacute;mo llegar</strong>: desde Buenos Aires se puede volar a Santa Marta. Desde ah&iacute;, un micro a Taganga demora apenas 15 minutos. Si se est&aacute; en Cartagena, el viaje en micro hasta Santa Marta lleva algo m&aacute;s de cuatro horas.</em></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><strong>Puerto rico: Vieques</strong></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Para alejarse de todo, nada como viajar a una isla del Caribe y, desde all&iacute;&hellip; &iexcl;saltar a otra isla mucho m&aacute;s peque&ntilde;a! Ese es el plan: volar a San Juan de Puerto Rico y, luego, tomar otro avi&oacute;n peque&ntilde;o de una aerol&iacute;nea local, y en 30 minutos aterrizar en esta isla 10 kil&oacute;metros al sudeste de la &ldquo;isla grande&rdquo;. Esta extensi&oacute;n de tierra de 33 kil&oacute;metros de largo por 7 de ancho tiene una historia muy especial: en la segunda mitad del siglo XX fue campo de pruebas para la marina estadounidense, que se retir&oacute; finalmente, despu&eacute;s de fuertes protestas de los locales, en 2003. Desde entonces, buena parte de la isla es un parque nacional protegido. Y, parad&oacute;jicamente, aquella presencia militar estadounidense que la preserv&oacute; de todo desarrollo tur&iacute;stico, hoy es su gran argumento de venta como isla casi virgen, sin los mega resorts t&iacute;picos del Caribe. Adem&aacute;s de cuarenta playas impecables, otra curiosidad de Vieques es que combina tanto restos de fuertes coloniales como ex bunkers militares yankees. Pero, sin duda, su gran atractivo tur&iacute;stico es la bah&iacute;a bioluminiscente de Mosquito (donde millones de microorganismos brillan cuando el agua se mueve), que de noche genera uno de los m&aacute;s raros y fant&aacute;sticos shows naturales que se puedan ver en el mundo. Dato cool: Vieques tiene un W, la marca con onda, modernosa y chill out del gigante hotelero Starwood. Dato cool II: un b&uacute;nker de la base militar en Green Beach se transform&oacute; en la disco Club Tumby, donde en lugar de pruebas de misiles hoy atronan el merengue y el reggaeton.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><em><strong>C&oacute;mo llegar</strong>: desde Buenos Aires, hay que volar a San Juan de Puerto Rico (normalmente, v&iacute;a Miami; recordar que se necesita visa norteamericana). Desde San Juan, varias aerol&iacute;neas locales ofrecen vuelos de media hora a Vieques.</em></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><strong>M&eacute;xico: Punta Mita</strong></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Las cosas est&aacute;n as&iacute;: los argentinos que viajan a M&eacute;xico van al Caribe, sobre todo a Canc&uacute;n. Y la minor&iacute;a que elige el Pac&iacute;fico se inclina por Los Cabos, el extremo Sur, popular entre los mieleros, de la pen&iacute;nsula de Baja California. En cambio, el estado de Nayarit, en la costa oeste mexicana, probablemente no resulte muy familiar para el viajero de esta parte del mundo, pero seguro, no lo duden, merece m&aacute;s atenci&oacute;n. Una buena introducci&oacute;n es Punta Mita, una pen&iacute;nsula con casi diez kil&oacute;metros de playa v&iacute;rgenes entre el mar turquesa y las colinas verdes que de alg&uacute;n modo la aislan. A unos 40 minutos desde el Aeropuerto Internacional de Puerto Vallarta, las arenas de Coral del Risco y El Anclote concentran la hoteler&iacute;a m&aacute;s lujosa (incluido el primer resort St. Regis en Am&eacute;rica Latina), para una clientela que suele buscar sus dos campos de golf: Punta Mita Pac&iacute;fico y Punta Mita Bah&iacute;a, ambos con la firma-garant&iacute;a de Jack Nicklaus, para jugar con espectaculares vistas al Pac&iacute;fico (de diciembre a abril hasta se pueden avistar ballenas). Para esp&iacute;ritus m&aacute;s j&oacute;venes, la clave es alojarse a distancia prudencial de los resorts, en la vecina villa de Sayulita, t&iacute;pico pueblito costero mexicano que en realidad no es tan t&iacute;pico desde que fue tomado por los surfers. Para parejas en plan escond&aacute;monos-del resto-del-mundo, reservar una suite en Casa Esperanza. Para ver otra gente y bastante ruido, ir a comer a Don Pedro&rsquo;s.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><em><strong>C&oacute;mo llegar</strong>: desde Buenos Aires, volar a DF y conectar a Puerto Vallarta. All&iacute;, alquilar un auto (ideal para explorar a gusto la extensa Riviera Nayarit) o tomar alguno de los varios servicios shuttle que en poco m&aacute;s de media hora llegan a Punta Mita.</em></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><strong>Ecuador: Monta&ntilde;ita</strong></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Otro pa&iacute;s que en los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os recibi&oacute; m&aacute;s y m&aacute;s argentinos gracias a fuertes promociones para conocer las islas Gal&aacute;pagos. Sin embargo, Ecuador ofrece muchas m&aacute;s opciones tur&iacute;sticas interesantes y con una caracter&iacute;stica especial: la diversidad de paisajes separados por distancias muy cortas. Esto incluye sitios &uacute;nicos como Monta&ntilde;ita, un pueblito sobre la costa de la provincia de Santa Elena. Por la Ruta del Sol, a unos 200 kil&oacute;metros de Guayaquil, Monta&ntilde;ita se ubica entre mar y cerros de abundante vegetaci&oacute;n, y seduce a los fans de las tablas con olas de hasta seis metros.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Casitas de madera ca&ntilde;a y paja, bares bohemios y cerveceros, artesanos, neohippies y mucha parsimonia son otras se&ntilde;as particulares de un lugar para conocer ya, antes de que termine de explotar tur&iacute;sticamente. Para aquellos con inclinaciones sociol&oacute;gicas, Monta&ntilde;ita guarda un atractivo extra: una comunidad que se administra de forma aut&oacute;noma a manera de cooperativa, con cierta independencia del gobierno central y con algo de utop&iacute;a joven sesentista.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><em><strong>C&oacute;mo llegar</strong>: desde Buenos Aires, Lan vuela todos los d&iacute;as a Quito, donde hay que conectar a Guayaquil. Desde esta &uacute;ltima ciudad, el viaje en auto hasta Monta&ntilde;ita es de algo m&aacute;s de dos horas.</em></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><strong>Cuba: Cayos de Villa Clara</strong></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">En su fuerte apuesta al negocio tur&iacute;stico, Cuba no s&oacute;lo potencia sus destinos ya instalados sino tambi&eacute;n los &ldquo;nuevos&rdquo; lugares. Entre estos &uacute;ltimos, la gran sorpresa, que no es nueva sino que siempre estuvo all&iacute; sin ser explotada, es la provincia de Villa Clara y sus cayos, un pu&ntilde;ado de islotes que deber&iacute;a ganar pronto protagonismo en el mapa tur&iacute;stico cubano. Son m&aacute;s de 17 kil&oacute;metros de playas 300 kil&oacute;metros al este de La Habana. Con el encanto especial que les da el hecho de que se llega atravesando un terrapl&eacute;n sobre el mar de 48 kil&oacute;metros, una obra de ingenier&iacute;a premiada internacionalmente. Las caracter&iacute;sticas del agua y la arena semejan las de Varadero. Lo distinto, claro, es la ausencia de tantos mega resorts llenos de familias bailando salsa junto a las piletas. Cayos como Santa Mar&iacute;a (el mayor, &ldquo;La Rosa Blanca de los Jardines del Rey&rdquo;), Las Brujas y Ensenachos (el m&aacute;s chico), forman parte del &aacute;rea declarada Reserva de la Bi&oacute;sfera por la Unesco, con abundante fauna end&eacute;mica protegida. Y aunque no les faltan sus buenos hoteles de cadena espa&ntilde;ola, mantienen una calma particular. Sin el condimento hist&oacute;rico de las ciudades importantes, este polo tur&iacute;stico contrarresta el aspecto cultural con La Estrella, recreaci&oacute;n de un pueblo colonial del interior de la isla, pero nuevo y exclusivamente tur&iacute;stico y comercial. El resultado de la estrategia es discutible, pero la belleza virgen de los cayos no admite debate. Un dato: a 110 kil&oacute;metros de estos cayos, en la ciudad de Santa Clara, se puede visitar el mausoleo del Che Guevara, entre otros sitios relevantes vinculados con la Revoluci&oacute;n.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><em><strong>C&oacute;mo llegar</strong>: de La Habana hacer 300 km por tierra hacia el pueblo de Caibari&eacute;n, de donde sale el terrapl&eacute;n hacia los islotes. Llegan tambi&eacute;n vuelos internacionales al aeropuerto de Santa Clara (a una hora de los cayos). Y peque&ntilde;os aviones aterrizan en el miniaeropuerto del cayo Las Brujas.</em></p>]]></body>
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                    <category><![CDATA[Viajero Bacanal]]></category>
                    <pubDate>Tue, 15 Nov 2011 15:06:58 -0300</pubDate><enclosure  url="http://revistabacanal.com.ar/application/output/adjuntos/0404cda14e4a89df2342ec947fa00aaf.jpg" type="image/jpeg"/></item></channel>
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