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			<title>Revista Bacanal</title>
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			<description>Revista Bacanal</description>
			<language>es-ar</language>
			<copyright>Copyright 2012</copyright>
			<lastBuildDate>Thu, 23 Feb 2012 00:00:01 -0300</lastBuildDate>
			<pubDate>Thu, 23 Feb 2012 00:00:01 -0300</pubDate>
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			    <title><![CDATA[Nos tapó el agua]]></title>
			    <description><![CDATA[<p>Roger Waters lleva ocho estadios River vendidos a tope. Pros y contras del maridaje entre el rock dinosaurio y la tilinguer&iacute;a argentina.</p>]]></description>
			    <body><![CDATA[<p>No se trata de poner en duda su calidad musical, tampoco seremos tan ingenuos como para no apreciar su visi&oacute;n en los negocios. Pero, definitivamente, la fiebre por Roger Waters en la Argentina aparece como decadente. No s&oacute;lo eso: la fiebre por The Wall suena en parte grosera y en parte ordinaria. Como si el consumo de los noventa regresara potenciado y el viejo clich&eacute; del deme dos haya mutado en un monstruo a&uacute;n m&aacute;s poderoso: el temible -hasta el cierre de esta revista- &iexcl;Deme ocho! Para peor, nadie puede asegurar que &eacute;sta sea la &uacute;ltima de las mutaciones: pueden aparecer Deme nueve, Deme 10 y as&iacute;. De aqu&iacute; a marzo 2012 puede ocurrir cualquier cosa. Para colmo, ya se anuncia la llegada -para otro target de p&uacute;blico- del combo espa&ntilde;ol por excelencia: Joaqu&iacute;n Sabina + Joan Manuel Serrat, que confirma la permanencia en el pa&iacute;s ad infinitum del virus Deme.<br /><br />Pero volvamos a lo nuestro: George Roger Waters, bajista, brit&aacute;nico, con un extra&ntilde;o parecido a Richard Gere. Antes, dijimos que no &iacute;bamos a poner en duda su calidad musical. Pero igual lo haremos o, al menos, pondremos algunas frases entre signos de preguntas: &iquest;es The Wall (1979) superior como obra conceptual a, pongamos,<br />The Dark Side of the Moon (1973)? &iquest;Tiene The Wall mejores canciones que, pongamos, Wish You Were Here (1975)? &iquest;Fue The Wall la obra para el mainstream compuesta por Pink Floyd -en rigor principalmente por Waters- o fue una cr&iacute;tica al mainstream haciendo, justamente, una obra megah&iacute;per- s&uacute;per-giga comercial? &iquest;Es el espect&aacute;culo The Wall Live la idea del disco The Wall o lo es de la pel&iacute;cula de Alan Parker, Pink Floyd The Wall? &iquest;Es The Wall Live una suerte de Disneylandia de la m&uacute;sica donde todo est&aacute; m&aacute;s o menos digerido? &iquest;Es The Wall Live un simulacro -en el sentido de representaci&oacute;n que le otorgaba Jean Braudillard donde el p&uacute;blico s&oacute;lo espera ver el chancho volador para sacarle fotos con un telef&oacute;no &uacute;ltima generaci&oacute;n e, ipso pucho, colgarlas en tiempo real en su muro de Facebook? &iquest;Hay, realmente hay, en la Argentina seguidores de Pink Floyd-Waters como para llenar ocho canchas de River? &iquest;Los ocho estadios de River colmados no son la imagen mejorada de la famosa picadora de carne de la pel&iacute;cula de Parker en la que tarde o temprano -estudiantes o civiles- todos caemos? Seg&uacute;n lo que cada lector responda a estas preguntas, estar&aacute; m&aacute;s cerca o m&aacute;s lejos de cantar, &iexcl;Hey, Roger, leave the kids alone!<br /><br /><strong>Money</strong><br />Antes -all&aacute; por el principio del primer p&aacute;rrafo de esta nota- dijimos que no &eacute;ramos tan ingenuos como para desconocer el talento para los negocios de RW. Pero esto no viene de ahora, no empez&oacute; con The Wall Live. Ni, tampoco, deber&iacute;a hablarse de talento sino m&aacute;s bien de una suerte de apretada interna hacia la banda y luego de una importante astucia legal. Sucede que Waters fue uno de los fundadores -junto con el baterista Nick Mason, con el tecladista Richard Wright, con el olvidado Bob Klose y con el inolvidable Syd Barrett- de Pink Floyd. David Gilmour lleg&oacute; m&aacute;s tarde, cuando la locura y las drogas de Barrett lo llevaron adentro de s&iacute; mismo y fuera de la banda. Con los a&ntilde;os, Waters y Gilmour se convirtieron en los referentes de Floyd y en los m&aacute;ximos hacedores de los discos, quienes firmaban las canciones.<br /><br />Un buen d&iacute;a, all&aacute; por 1985 -despu&eacute;s del disco The Final Cut (1983)-, Waters decidi&oacute; que el proyecto Floyd estaba agotado. No fue una decisi&oacute;n conjunta sino la visi&oacute;n de RW sobre el asunto. Los dem&aacute;s no estuvieron de acuerdo y siguieron utilizando el nombre de la banda. Ah&iacute; empez&oacute; la batalla jur&iacute;dica. Cuando firmaron la paz, el mundo qued&oacute; dividido as&iacute;: Waters se qued&oacute; con The Wall y otros suburbios glamorosos y Gilmour -y los dem&aacute;s en menor medida- con el nombre Pink Floyd. Parec&iacute;a una decisi&oacute;n osada la de Waters porque perd&iacute;a y bastante sin la marquesina de PF. Sin embargo, el tipito demostr&oacute; ser un crack a la hora de montar un espect&aacute;culo, a la hora de vender un show, a la hora de la magia arriba del escenario. A la hora de reciclar los spotlights de la banda agotada. Esto es: The Dark Side of the Moon Live y ahora The Wall Live. Es cierto que, despu&eacute;s de la separaci&oacute;n, Gilmour y compa&ntilde;&iacute;a sacaron discos m&aacute;s menos olvidables: A Momentary Lapse of Reason (1987) y The Divison Bell (1994).&nbsp; Definitivamente, Waters ten&iacute;a raz&oacute;n y el proyecto estaba agotado. Lo que logr&oacute; con la pelea fue quedarse con la mejor parte del bot&iacute;n.<br /><br /><strong>Us and them</strong><br />No est&aacute;n mal, por definici&oacute;n, los r&eacute;cords de venta. Tampoco est&aacute; mal la nostalgia o el anhelo por escuchar, con aprox unos 30 a&ntilde;os de demora, las canciones en vivo de una de las bandas m&aacute;s importantes de la historia de la cultura rock. Nadie se olvida que la pel&iacute;cula de Parker fue -junto con La canci&oacute;n sigue siendo la misma, de Led Zeppelin- la que m&aacute;s a&ntilde;os estuvo vigente en pantalla en los cines de culto. Pero volver la venta r&eacute;cord un hecho cultural sumable al mensaje -bueno o malo, perimido o actual- de The Wall en particular y de Pink Floyd en general, es demasiado. Y sacar chapa por ser &ldquo;los campeones mundiales en ventas de entradas para ver a Roger Waters&rdquo; es directamente una tilinguer&iacute;a. Claro, esto no es nuevo. Seg&uacute;n el mito popular, la novela Cien a&ntilde;os de soledad (Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez) fue primero coronada en Buenos Aires antes que en el resto del planeta. Y las mejores pel&iacute;culas de Ingmar Bergman -desde El s&eacute;ptimo sello a El huevo de la serpiente, pongamos- se discut&iacute;an con mayor pasi&oacute;n en los bares de avenida Corrientes que en los caf&eacute;s de la siempre culta Par&iacute;s. Como sea, este tipo de actitud parece ser patrimonio -la Unesco ya est&aacute; por declararlo para que lo sepa la humanidad toda- de cierto argentino tipo que hace carne aquella bravuconada de Michel Foucault: &ldquo;No me pregunten qui&eacute;n soy, ni me pidan que siga siendo el mismo&rdquo;. Y, probablemente esta queja primaveral -tambi&eacute;n tan argentina, por cierto- sea prehist&oacute;rica el pr&oacute;ximo marzo, cuando el agua llegue con su nombre traducido al ingl&eacute;s y nos tape por completo. *</p>
<p><em>Texto Javier Rombouts</em><br /><em>Ilustracion Ariel Escalante</em></p>]]></body>
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                            <guid><![CDATA[Nos tapó el agua]]></guid>
			    <link>http://revistabacanal.com.ar/nota/revista/28/nos-tapo-el-agua</link>
			    <category>Música</category>
			    <pubDate>Tue, 15 Nov 2011 14:32:58 -0300</pubDate>
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